El árbol de Navidad al desnudo.

¿Sabes de dónde procede la costumbre de colocar el árbol de Navidad?

Imagino que ya tendrás tu árbol (natural con raíces, talado, de plástico… luego lo veremos) colocado en el mejor rincón de la casa pero ¿te apetece descubrir los orígenes de su uso y cuál es la opción más sostenible?

El abeto de San Bonifacio versus, el roble de Thor.

Parece que la idea germinó en Alemania y todos los caminos apuntan a San Wynfrith, San Bonifacio para los amigos, actualmente el Apóstol de Alemania y patrón de cerveceros, sastres y petroleros (No me lo explico).

Pues bien, el mártir inglés allá por el siglo VIII se encontraba viajando por la Baja Sajonia y se enteró que, para celebrar el solsticio de invierno, iban a sacrificar a un niño bajo las ramas del Yggdrasil  el gran roble sagrado.

San Bonifacio que ya estaba harto de las barbaridades en honor a Thor, dios de trueno, se abrió paso para impedirlo.  “Aquí está el Roble del Trueno, y aquí la cruz de Cristo que romperá el martillo del dios falso, Thor. Este árbol sangriento ya nunca más oscurecerá la tierra” y sin más se lió a hachazos contra el árbol hasta que lo derribó. (Otras fuentes aseguran que en realidad lo prendió fuego)

Sea como fuere, esa zona quedó asolada pero se salvó un abeto. “Este pequeño hijo del bosque, será el árbol santo esta noche como signo de una vida sin fin, porque sus hojas son siempre verdes”.

Siglos más tarde, allá por el XVI Martín Lutero impulsó la costumbre y comenzó a adornar un abeto con manzanas como símbolo del pecado original y velas porque centelleaban como las estrellas en la noche invernal.

La princesa rusa

En 1870 tenemos el primer registro “arbóreo-navideño” en España, concretamente en la calle Alcalá de Madrid, lugar donde hoy está la sede del Banco de España.

La dama a la que debemos esta innovación era la princesa rusa Sofía Troubetzkoy, viuda de un hermanastro de Napoleón y casada en segundas nupcias con Pepe Osorio, el gran duque de Sesto, cuatro veces Grande de España y olé.

Se la recuerda como una mujer culta, viajada y bastante reivindicativa. Tan implicada políticamente como para ser una de las protagonistas de la famosa Rebelión de las Mantillas, una manifestación de damas madrileñas en contra de Amadeo de Saboya.

La marquesa de Alcañices llegadas las Pascuas, abrió las puertas de su palacio para que los transeúntes, que eran miles, pudieran contemplar su abeto engalanado y tuvo tanto éxito que a partir de ese momento la idea se extendió por toda España.

¡Chimpún!

Pero en nuestro #DesnudaLaNavidad nos haremos una buena pregunta difícil de responder categóricamente:

¿Existe la fórmula perfecta para ser navideño y sostenible al mismo tiempo?

Depende… por eso vamos a ir repasando las alternativas.

1. Árbol natural talado.

El único abeto “de verdad” de mi casa lo compramos en los puestos de la Plaza Mayor madrileña y se quedó completamente calvo antes de la noche de Reyes.

Recuerdo a mi madre desesperada barriendo hojas y riñendo porque cambiábamos las bolas de rama con cada villancico (no os cuento lo que hacíamos con las cabras del Belén). Al año siguiente elegimos uno de plástico color verde imposible (que todavía sigue en uso) y hasta aquí llegó el “compromiso medioambiental” de mi familia.

Granja de abetos. Fuente: De Soil-Science.info (USDA Natural Resources Conservation Service)

Poca broma.

Se calcula que en España, al finalizar las navidades, más de dos millones de árboles van a parar al vertedero. Desafortunado final y muy contaminante, porque se descomponen de manera muy lenta y crean metano.

Sin embargo, algunos dicen que no es tan perjudicial como parece.

Se observa que las granjas de abetos cultivados de manera ecológica sin uso de plaguicidas y fertilizantes, crean puestos de trabajo, favorecen la economía rural y promueven la biodiversidad forestal.

En lo que coinciden los expertos es en que se compre en un vivero cercano al domicilio (KM 0), en que comprobemos el tipo de certificaciones y en que nos preocupemos por lo que vamos a hacer con él después de Navidad.

2. Natural con raíces.

Algunos Ayuntamientos (muy pocos) recogen éstos abetos para su posterior replantación en parques y jardines y si están muertos, que es lo más normal, se triturarán (en el mejor de los casos) para ser aprovecharlos como compost.

Los ingenieros forestales estiman que el 90% no sobreviven debido al inadecuado ambiente mientras están en las casas.

Si tienes un árbol con cepellón (con raíces)  mímalo igual que harías con cualquier planta de tu casa y si logras que sobreviva llévalo a tu vivero o al Ayuntamiento, pero no lo replantes a lo loco allá donde te pille porque si coincide con otro tipo de especie pueden entorpecer el ecosistema y sería peor el remedio que la enfermedad. Antes de comprarlo piensa en que es un ser vivo y como tal debes cuidarlo.

Un proceso “circular” (de la cuna a la cuna) si te inclinas por esta opción ésta start up española está genial:  Mi árbol de Navidad.

Encargas tu abeto online, te lo llevan a casa y después lo recogerán para replantarlo en lugares estudiados. Según me cuentan, están muy contentos porque la demanda crece y es una buena noticia, la mala, es que de momento sólo funciona en Madrid y Barcelona.

Otra idea llena de sentido es “regalar un árbol”

Miguel Ángel Ortega Director de la Asociación Reforesta me ha estado contando el proceso y lo que más gusta a la gente es participar en las jornadas de reforestación que ellos organizan pero si no puedes ir a plantarlo en persona, te darán las coordenadas de su lugar preciso.

Merece la pena que le echéis un vistazo a su web.

Ésta asociación trabaja en zonas cercanas a Madrid como Navacerrada o La Pedriza y llevan años creando nuevos bosques con encinas, enebros y robles en su mayoría, pero investiga en tu comunidad porque seguro que encuentras organizaciones con filosofía similar.

3. Árboles de plástico

Se aconseja que si ya tenemos uno de plástico (mi caso) tendremos que usarlo un mínimo de 12 años o más.

Como el que tenemos en casa, está a punto de cumplir sus 10 añitos tampoco vamos tan mal ¿no? pero estoy pensando en criogenizarlo hasta que alguien invente la vacuna para reciclarlo al completo, algo que hoy no es posible.

Lo malo es que al comprar éstos “árboles de mentira”, no los concebimos como “inversión a largo plazo” y por mucho que los disfracemos, suelen ser estructuras poco sólidas, con una mezcla de pegamentos y alambres que hacen imposible su reciclaje.

4. Árboles para mañosas. Do it yourself

Se trata de aplicar tu creatividad y aprovechar materiales. El resultado puede no ser el esperado pero tu árbol será cuanto menos único en su especie.

La filosofía del suprareciclaje (upcycling) va calando en nuestra sociedad y puedes usar lo que te parezca, cartón, telas, botellas, latas…etc, que luego podrás pintar o decorar como desees y puede ser una actividad divertida para hacer en familia… o no.

Mi amiga Pilar, creadora de Una Oca Loca, ha instalado en su taller uno de los árboles más sencillos y bonitos que he encontrado. Ha aprovechado una caja de cartón y con mucho ingenio lo va engalanando junto a las alumnas de sus cursos.

Espero te haya aclarado algunas dudas para tomar la decisión que mejor se adapte a ti, a tu familia y a tu entorno.

La intención es encontrar alternativas económicas, originales y sostenibles pero sin renunciar a la mágica luz de estos días.

Algunos extractos de éste artículo forman parte de los #Ecotruquis que comparto en el mejor PODCAST del mundo mundial → ¡Buenos días MADRESFERA!← puedes descargarlos tanto en Ivoox como en Youtube y Spreaker.

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