Mamá árbol, Wangari Maathai

Ésta semana en el podcast “Antes de Medianoche” recordamos a una mujer de carácter inolvidable, Wangari Muta Maathai.

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«La paz en la Tierra depende de nuestra habilidad para asegurar el medio en que vivimos. Maathai ha alcanzado un desarrollo sostenible que abarca la democracia, los Derechos Humanos y, particularmente, los derechos de la mujer».

Éstas fueron las palabras del comité noruego al otorgar el Premio Nobel de la Paz en el año 2004 a la primera mujer ecologista y africana en recibir este galardón.

El día que le dieron tan inesperado premio, ella lo celebró plantando un nuevo árbol. Un “gesto pequeño” (#MyLittleThing) como ella lo definía pero que logró cambiar el paisaje y la vida de muchas mujeres en África.

Wangari nació en 1940 en Kenia y tuvo la fortuna de poder estudiar, algo que todavía sigue siendo minoritario y de ahí que el objetivo 5 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible sea lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

Se calcula que hay más de 25 millones de jóvenes analfabetas entre 15 y 24 años en África subsahariana.
Su acceso a la Universidad fue notorio.

Se graduó en Anatomía Veterinaria en Nairobi donde llegó a ser profesora y también se doctoró en Ciencias Biológicas por la Universidad Mount St. Scholastica de Atchison (Kansas)

Mujer activa y generosa no podía permitirse la pasividad frente a los graves problemas de las mujeres rurales kenianas: su inseguridad alimentaria, la falta de agua, de leña… y propuso a un grupo reducido que plantasen árboles en sus parcelas y que creasen también sus pequeños viveros de semillas.

En África subsahariana, un viaje de ida y vuelta para recolectar agua lleva alrededor de 33 minutos en promedio en las zonas rurales y 25 minutos en áreas urbanas.

La vida en Kenia era dura y no contaba con los mínimos recursos alimenticios lo que llevaba a la malnutrición. Ella se impuso el reto de restaurar los manantiales y frenar la desertización creando El Cinturón Verde que al irse extendiendo rápidamente con el agravante de ser una iniciativa femenina, comenzó a considerarse como un grupo subversivo.

Maathai fue detenida, golpeada y encarcelada en varias ocasiones, en especial durante el régimen del expresidente Daniel arap Moi. pero ella jamás dejó de plantar árboles.

Su activismo también se llevó por delante su matrimonio con el parlamentario Mathai con el que tuvo 3 hijos. Él pidió el divorcio argumentando: «Mi mujer es demasiado educada, con demasiado carácter y demasiado exitosa para poder controlarla». El juez le dio la razón y dictaminó que estaba obligada a llevar por siempre el apellido de su marido. Emoticono⇒ carita con ojos espantaos.

Pero ya te habrás hecho idea de cómo se las gastaba ésta mujer de carácter y no iba a consentir más cadenas, así que añadió una “A” y pasó a ser la señora MathAai, aunque poco importaba porque en el mundo ya se le conocía como MAMÁ ÁRBOL.

Su comprometida carrera política le llevó a ser (2002) Diputada y Viceministra de Medio Ambiente consiguiendo un pequeño sueldo para su ejército de mujeres plantadoras que les permitió atender a sus familias y prosperar.

Tres años más tarde, en 2005 se sintió arropada por el gobierno (ya era hora) y el presidente senegalés, Abdoulaye Wade, se propuso crear La Gran Muralla Verde, una barrera vegetal de casi 8.000 kilómetros para frenar el avance del desierto a lo largo de 11 países del Sahel.

Hasta su muerte (25 de septiembre de 2011) luchó para implicar a la juventud y eliminar las supersticiones africanas relacionadas con el VIH (virus del SIDA) que fomentaban la violación de niños y niñas como método de sanación.

La juventud es la esperanza y nuestro futuro.
Una mujer coherente hasta el último momento de su vida.

Wangari nunca estuvo de acuerdo en la tala de árboles para fabricar ataúdes y por ello eligió una humilde “cesta” para protagonizar de cuerpo presente el tan merecido y emotivo funeral de estado.

Sus cenizas se esparcieron en un instituto fundado por ella entre las raíces de alguno de los más de 47 millones de árboles plantados durante su vida.

En una de sus últimas declaraciones afirmaba:

“Lo que he aprendido con los años es que debemos ser pacientes, constantes y comprometidos. Los arboles que alguien está cortando hoy no fueron plantados por ellos sino por los que los precedieron. Cada árbol que se planta es una semilla que se siembra para recoger la mejor de las cosechas.Cuando plantamos árboles, plantamos las semillas de la paz.”

Muchos divulgadores recurren a éste mantra “Son las pequeñas cosas de cada ciudadano las que logran los grandes cambios.” y quizás desconozcan que éstas palabras nacieron del alma de una inolvidable luchadora que logró que su sueño creciera hasta convertirse en un movimiento internacional.

El pequeño/gran gesto de Wangari era plantar árboles. ¿Cuál es el tuyo?

Desde entonces el hashtag #MylittleThing es utilizado para remarcar cada acción ciudadana por insignificante que pueda parecer.

Estoy convencida de que Mamá árbol se sentirá orgullosa de que su legado siga tan vivo pero puedo aventurar que hay otros pequeños gestos que le harían sonreír de manera especial:

Por un lado, su mejor alumno Felix Finkbeiner que con 9 años se atrevió a lanzar su mensaje frente a los altos mandatarios de la ONU y su Fundación Plant for the planet  logró alcanzar la meta de plantar un millón de árboles en 2011. Ahora se ha propuesto un objetivo mayor y es llegar a plantar 1000 billones en el 2020.

Por otro, tenemos a ECOSIA (el Google verde) que ya ha logrado plantar 42 millones gracias a nuestras búsquedas en Internet.

Y también os recomiendo REFORESTA, una Asociación madrileña con una campaña a la que merece la pena sumarse “Regala un árbol” 

Permíteme que cierre este humilde homenaje con las palabras de Jean Giono autor de un cuento que te recomiendo leer  “El hombre que plantaba árboles”.

“Para que en el carácter de un ser humano se desvelen cualidades verdaderamente excepcionales hace falta tener la buena fortuna de poder observar sus actos durante muchos años. Si esos actos están despojados de todo egoísmo, si la idea que los guía es de una generosidad sin parangón, si hay certidumbre absoluta de que no han buscado recompensa alguna y de que además ha dejado marcas visibles en el mundo, entonces se está, sin riesgo de error, ante un carácter inolvidable.”

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