Me confieso huertana de pro

En mi pequeño huerto brilla la margarita

Soy urbanita y aunque lleve ADN de campo, me costó manejar la azada y cuando me inicié en el huerting apenas distinguía las espinacas de las acelgas.

Empecé dando traspiés pero han pasado años desde mis inicios en el noble arte de cultivar el terrón  y ya puedo lanzarme a escribir desde una experiencia que espero te ayude.

Miel sobre hojuelas

Para que no te deprimas, te haré una síntesis de lo desastrosa que fue mi primera cosecha estival:

Se agostaron las tomateras, las calabazas crecieron a lo Jumanji, las acelgas fueron el resort de caracoles, las berenjenas se asolanaron, las zanahorias parecían Minions, me excedí regando las cebollas y con los pimientos me quedé corta.

Debo confesar que aunque la estética fue deplorable el saborrrr de lo poquito que nació, fue insuperable, de ahí que me picara el gusanillo y desde entonces no he dejado de plantar y replantar como digna bisnieta de agricultor.

Por lo cual, me dispongo a contarte las tareas esenciales para que no te pille el toro y tengas tu terruñito a punto.

Lo esencial es respetar la tierra

En otoño y en primavera tendrás que trabajar la tierra a fondo, limpiarla de raíces o malas hierbas, dejar que descanse y que se oxigene.

Yo me inicié con la agricultura tradicional (plantando en montículos de tierra, caballones, surcos o como quiera que lo llames en tu planeta) pero ahora prefiero la agricultura biointensiva, bastante más eficaz y lógica. Te lo explicaré más adelante. De momento voy a tratar de conquistarte.

12 motivos para ser hortelana

Si te animas a tener tu pequeña huertina voy a tentarte con doce razones:

  1. Si eres propietaria de un pequeño solar !adelante! en caso contrario, alquilar un espacio entre 30 y 50 metros cuadrados tiene un gasto asumible que oscila entre 20 y 30€/mes, dependiendo de cada ciudad, y algunos ofrecen talleres, con clases de apoyo para principiantes.
  2. También puedes construirte un pequeño huerto vertical en casa o poner una serie de macetas en la ventana. Encontrarás mil ideas para cultivar hortalizas o aromáticas y tiene su encanto.
  3. Creo que la mejor temporada para «estrenarte» es la primavera, antes que el otoño. La cosecha de verano es más variada y trabajarás en condiciones ambientales favorables (al amanecer o al atardecer).
  4. Tampoco vas a sudar como imaginas… o puede que sí, pero si te enganchas al mundo verde, lo que vas a ambicionar es disponer de más terreno cultivable. No te precipites, que en poco espacio pero bien organizado puedes abastecer a tu familia. En eso consiste la agricultura biointensiva precisamente.
  5. Observa a tus vecinas de terrón y pregúntales. Siempre encontrarás a un maestro/a agricultor greenfinger, dispuesto a ayudarte.
  6. Si tus retoños son de los que se erizan cuando les sirves un plato de guisantes o espinacas, te recomiendo buscarte un huerto. Los peques flipan cuando comprueban que de una semilla plantada con sus propias manos, nace una calabaza de 50 kilazos.
  7. Permíteme que insista en este punto: si tienes hijos hazte hortelana y si no los tienes… también.
  8. Amarra una linda cesta en tu bicicleta. Ya verás la sonrisa orgullosa que llevas de regreso a casa con tu primer ramillete de perejil rizado y no te digo nada de lo que vas a sentir cuando recojas tu primer brócoli o tu pepino serpiente o la exótica coliflor morada… ¡¡¡Prodigios de la naturaleza!!!
  9. El primer año vas a ponerte muy pero que muy cansina presumiendo de huerto, puede que machaques a fotos tu Instagram y presumas de melones (es mal ejemplo ¿?), leerás libros, seguirás canales Youtube (la huertina de Tony caerá seguro) y muchos blogs. Si algo no te va a faltar es información on-offline, no la desprecies.
  10. Un vecindario de huerting suele ser majete (salvo excepciones) porque aman y respetan la tierra y será raro el día que no te regalen un manojo de rabanitos o unas guindillas. Nada más vintage que el trueque.
  11. Por otro lado, el aire libre propicia la charla con personas de distinta procedencia y amplio abanico de edad. La soledad es el veneno silencioso de nuestro tiempo (y más ahora en tiempo conficovid) y no hay mejor ocasión para darle la bienvenida a la grata compañía.
  12. Si quieres recordar los sabores perdidos de tu infancia, si quieres hacer la más sabrosa de las ensaladas y el gazpacho de tu vida, si quieres olvidarte de todo y ser feliz en tu terruño… ¡Esta es tu oportunidad!

¿Te he convencido?

Pues permite que te lleve al huerto y que comparta contigo lo aprendido en estos años, desde hacer un semillero, entutorar, asociar cultivos o despalillar las tomateras.

El verde de los árboles es parte del rojo de mi sangre. Fernando Pessoa

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