Procrastinar es un temazo. El circuito VS‑VP de tu cerebro frena tu año. Jano, te propongo herramientas contra el autosabotaje.
Enero llega siempre con bulla.
Promesas, listas, propósitos… y un cansancio de fondo que nadie pone en el calendario.
Si a ti también te pasa que el año empieza y tú ya estás agotada, este post es para ti.
En este episodio de METAdamas hablamos de los peligros de procrastinar demasiado, del dios Jano, de cerebro, de piscina, de procrastinación y de por qué tu problema no es la fuerza de voluntad, sino la forma en la que te estás empujando.
¿Por qué tu año comienza con tanta angustia?
En la Antigua Roma, enero se llamaba Ianuarius y estaba dedicado a Jano, el dios de los comienzos y los finales.
Jano se representaba con dos caras: una mirando al pasado, otra al futuro. Era el guardián de los umbrales, el primero al que se invocaba antes de cualquier ritual.
Tiene sentido: enero no es una carrera. Es una bisagra.
Un lugar donde:
- Una parte de ti sigue en las cenas, los regalos y el desorden de diciembre.
- Otra parte ya está mirando el año como si fuera una agenda en blanco que tienes que rellenar “bien”.
Y ahí, en medio, estás tú, intentando no partirte en dos.
El problema es que tratamos enero como un examen:
- “Este año me pongo las pilas.”
- “Esta vez lo cumplo todo.”
- “Ahora sí que sí.”
Y no. Enero no es una prueba.
Enero es una puerta. Y las puertas se cruzan con conciencia, no a codazos.
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Procrastinar. Cuando tu cerebro te frena (aunque lo estés deseando)
Vamos con la palabra maldita: procrastinar.
Lo normal es que te culpes:
“Soy vaga”. “No tengo disciplina”. “No quiero lo bastante las cosas”.
La ciencia dice otra cosa.
En 2026, un equipo de la Universidad de Kioto ha puesto nombre al freno invisible que todas sentimos: el circuito VS‑VP.
Traducido a idioma METAdamas:
- VS (Estriado Ventral) es tu contadora interna. Ve la recompensa y dice:
“Esto me interesa, necesito hacerlo.” - VP (Pálido Ventral) es tu freno de emergencia. Detecta posible estrés y responde:
“Nanai, esto nos va a desbordar. Mejor lo dejamos para luego.”
En el estudio, al debilitar la conexión entre VS y VP, los monos empezaban tareas incómodas sin pensárselo tanto. Cuando la conexión estaba bien fuerte, preferían posponer, incluso con un premio jugoso delante.
Conclusión:
Tu cerebro no te sabotea, te intenta proteger.
Procrastinas, sobre todo, cuando:
- La tarea es vaga: “cambiar de vida”, “cuidarme más”, “ser mejor versión de mí”.
- O está cargada de autoexigencia emocional: miedo a fallar, miedo a decepcionar, miedo a que no salga perfecto.
Enero es el parque de atracciones de este tipo de objetivos.
Así que cuando te pilles dando vueltas y organizando la nevera en vez de abrir el PDF de ese curso… recuerda: no es vagancia. Es VS‑VP tirando del freno para que no te estrelles.
Estrés y deseo: por qué no casan
Hay una idea clave que atraviesa todo el episodio:
El estrés no seduce.
Intentar cambiar tu vida desde la presión es como intentar enamorarte a empujones.
Por eso enero, vivido mal, funciona mal:
- Te prometes diez cambios a la vez.
- Te pones una rutina de Navy Seal.
- Aguantas dos semanas.
- Te caes.
- Y llega la mejor amiga del circuito VS‑VP: la culpa.
No necesitas más empuje.
Necesitas otro ritmo.
De crol a braza: cultivar el yin
Cuando pienso en enero, no veo una lista. Veo una piscina.
Yo nado a braza. Y con los años he entendido por qué me funciona tanto.
La braza no corre, no compite, no presume.
La braza cultiva el yin:
- Empieza en la pelvis, no en la cabeza.
- Las caderas se abren y se cierran despacio, como un masaje interno.
- Los brazos no atacan el agua, la abrazan.
- Te sumerges, exhalas bajo el agua, esperas un segundo más.
- Y cuando subes, el aire entra solo, sin que tengas que forzarlo.
La neurociencia también le guiña un ojo a esto: nadar de forma rítmica, especialmente a ritmos suaves, reduce el cortisol, mejora el estado de ánimo y activa el nervio vago, nuestro sistema de calma interna.
El crol, en cambio, es puro yang: rápido, lineal, brazos que rasgan, piernas que no descansan.
Enero se parece más a la braza que al crol:
- No te pide velocidad.
- Te pide cadencia.
- Te pide mover la pelvis antes que la agenda.
- Respirar antes de decidir.
Cuando vives enero en modo crol, el VS‑VP entra en pánico.
Cuando lo vives en modo braza, el cuerpo empieza a decir que sí.
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Cinco claves para no procastrinar
Si enero es una puerta y tu cerebro tiene freno propio, ¿qué puedes hacer para no quedarte pegada al quicio de la mancebía?
Aquí van cinco claves muy simples, muy METAdamas:
1. Una sola dirección
Enero adora las listas kilométricas. Tu sistema nervioso, no.
Elige un eje: sueño, dinero, cuerpo, creatividad, relaciones…
Ese que, si se mueve, arrastra al resto.
Menos “cambiar mi vida”, más “acostarme media hora antes”.
2. Microgestos ridículamente pequeños
El circuito VS‑VP odia los grandes titulares, pero se relaja con los pasos pequeños.
- En vez de “hacer deporte”, proponte bajar al portal con las zapatillas puestas.
- En vez de “escribir un libro”, abre el documento y escribe un párrafo.
Que tu objetivo del día sea tan pequeño que tu cerebro no tenga argumentos para sabotearlo.
3. Agenda amable
Si no hay hueco, no existes. Procrastinar es llenarlo todo.
Pero el calendario no está para castigarte, sino para cuidarte.
Bloquea tus microgestos como citas contigo misma: 10 minutos de respiración, 15 de paseo, 5 para sentarte a sentir qué quieres del día.
No hace falta un plan militar, hace falta que tu cuerpo sienta que importa.
4. Red de mujeres
Cambiar sola agota.
La ciencia lo confirma: los procesos de cambio sostenidos en grupo se mantienen mejor en el tiempo porque el entorno reduce la sensación de amenaza.
La buena noticia: no necesitas una secta de productividad.
Necesitas mujeres que no te juzguen por ir lenta, por caer, por volver a empezar.
Eso, en METAdamas, lo llamamos red.
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5. Dejar de compararte
Compararte es la forma más rápida de matar el deseo.
Cada vez que miras a otra y piensas “ella sí puede”, tu VP sube el volumen: “Ves, tú no”.
Recuerda: esa persona no vive en tu cuerpo, ni carga tu historia, ni duerme con tus fantasmas.
Tu ritmo es tuyo.
Y eso no es un defecto. Es tu marca de fábrica.
Un enero más humano (y menos perfecto)
Cuando miras enero con ojos de Jano, deja de ser el mes del “tengo que” para convertirse en una puerta que puedes cruzar a tu manera:
- Respetando el freno de tu cerebro, en vez de insultarlo.
- Bajando del crol al modo braza.
- Eligiendo pasos pequeños, sostenidos y amables.
- Recordando que la mujer que vale no es la que lo aguanta todo, sino la que se sostiene.
Si este tema te resuena, te invito a escuchar el episodio completo de METAdamas en tu plataforma favorita: allí respiramos juntas todo esto, con más ejemplos, alguna confesión personal y un ejercicio para que empieces a negociar con tu propio enero.
Y si estás en ese punto de tu vida en el que quieres avanzar sin romperte, quizá también te venga bien mi Manual de seducción para mujeres (Almuzara): no va de trucos rápidos, sino de presencia, cuerpo y límites para dejar de seducir al mundo traicionándote a ti.
Porque, al final, esto no va de convertirte en otra.
Va de empezar a tratarte como lo que ya eres: una mujer que merece ir a su ritmo… y aun así, llegar.
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