Naftalina no gracias.

¡Bienvenidxs al mundo de los #ECOtruquis!

En artículos anteriores, hemos hablado de algunos tips relacionados con el mundo de la moda.

Después de ordenar nuestro armario, (armario cápsula) habremos llevado la ropa que no usamos a algún lugar donde sabemos que la emplearán de la mejor manera.

La ropa no se TIRA, la ropa se REUTILIZA.

Pero, aunque hayamos reducido nuestro vestuario de manera drástica (e inteligente) alguna prenda tendremos que guardarla hasta la temporada que viene y aquí surge otro jaleo mental insostenible:

  • ¿Es absolutamente necesario el uso de la naftalina para protegernos ante polillas que raras veces hemos visto? De hecho, ¿alguien podría distinguir entre una mariposa común y una polilla?
  • ¿Alguna vez os habéis encontrado una camisa con mordiscos o es una leyenda urbana?

Veréis, yo he vivido alejada de las ciudades durante largas temporadas y jamás me he topado con estos bichejos. Cuestión de suerte o es que se estarán extinguiendo igual que las abejas

Os propongo un regreso al pasado y seguir las recetas de nuestras abuelas fabricando de manera casera, una barrera mucho más natural y sostenible.

Pero antes veamos lo que es concretamente la naftalina.

A la naftalina también se la llama el alquitrán blanco, son esas bolitas blancas que nuestra madre nos decía que no tocásemos pero que ellas metían a puñados en los sacos de la ropa. Suelen contener naftaleno como ingrediente activo y una exposición prolongada a estos gases puede provocar tos, irritación ocular, náuseas, dolores de cabeza, vómitos y diarrea. Un completo vaya, y no te cuento sus efectos si accidentalmente pasara a nuestro organismo… Da miedo y para colmo, ni siquiera huele tan bien.

También se pueden comprar los clásicos antipolillas que se cuelgan en la barra de los percheros.

Éstas pinzas suelen ir decoradas con un atractivo ramillete de lavanda pero si lees la etiqueta trasera verás que pone “empentrín”, que es una sustancia sintética usada en insecticidas de amplio espectro.

Éste químico, aseguran que es inocuo para las personas pero no tanto para el árbol reseco y el pez boqueando que figuran dentro del triángulo rojo. Llámame observadora, pero a mí este tipo de iconos no me invitan a comprar el producto.

Siempre hay alternativas y éstas son las que te propongo porque a mí me están funcionando:

  • El cedro, conífera majestuosa archienemiga de las polillas por su profundo aroma. Te aconsejaría plantar un cedro si tienes espacio, pero lo práctico es recoger unas astillas de madera de su tronco o comprar unas bolas creadas a partir de su madera. También puedes usar aceite esencial del cedro y rociar unas gotas sobre estas bolas para potenciar su efecto pero ¡ojo que pueden manchar tu ropa!
La madera de cedro antiguamente se utilizaba en la fabricación de los cajones de los armarios por sus propiedades antisépticas.

  • La lavanda, maravillosa planta con propiedades calmantes pero que curiosamente, a las polillas la debe poner de los nervios. Yo utilizo el aceite esencial de lavanda de Alcarria Natura (Guadalajara) el más concentrado que he encontrado y es fantástico.

Si rocías unas pocas gotas sobre las astillas o las bolas de madera, te durará eternamente y es muy eficaz pero también puedes aprovechar la temporada de otoño para recolectar tu ramillete de lavanda fresca y colocarlo en tus cajones.

Y por último puedes hacer un mix, metiendo flores naturales de lavanda, laurel y clavo en unos sacos de tela que podrás colgar de tu perchero o en los cajones donde guardes tu ropa.

Son remedios naturales con aromas reales y eficaces. Ganarás en sonrisas porque estarás contribuyendo a tener un planeta feliz. 

Y ya para colmo si quieres bañarte en lavanda te aconsejo visitar los inmensos campos de lavanda de Brihuega cuando están en flor porque es una delicia, a mí me inspiraron tanto que hice el “Giardino campo de lavanda” que estuvo expuesto en el Palacio del Infantado de Guadalajara.

También te podría gustar...