Leonardo ecologista

Leonardo y el cambio climático.

Ésta semana hemos tenido a Christian Gálvez como invitado excepcional a la Escóbula de la Brújula.

Muchos le conoceréis como presentador del programa de TV “Pasapalabra” pero también es escritor, experto en Leonardo da Vinci (Vinci, Italia, 1452 – Amboise, Francia, 1519), conferenciante en Speakers Bureau, miembro del Leonardo DNA Project y comisario de la próxima exposición sobre el genio florentino (del 29 de noviembre de 2018 al 19 de mayo de 2019 en el Palacio de las Alhajas y la Biblioteca Nacional de España) que como bien suponéis ¡no voy a perderme!

“Mi deseo es que la gente se quede con el Leonardo que quiera” Christian Gálvez

Y precisamente, la cara que más me interesa y de la que poco se habla es: el Leonardo ecologista. Por eso en mi sección, aproveché para preguntar a nuestro invitado sobre esta faceta oculta de Leonardo y aclarar algunas dudas.

Gálvez confirma que el artista era un gran amante de los animales, posiblemente vegetariano y protector de los pájaros, los compraba en los mercados para liberarlos de sus jaulas (también para estudiar su vuelo)

Llegará un tiempo en que los hombres condenarán, como yo, al asesino de animales del mismo modo como se condena al asesino de hombres.

Y también se le considera un Nostradamus del cambio climático:

“Y los ríos perderán sus aguas, y la fructuosa tierra no podrá impulsar desde sí ningún renuevo, y no crecerá sobre los campos la inclinada belleza de la espiga; y así morirán los animales, no pudiendo nutrirse con el fresco herbazal de los prados; (…) y los hombres, tras múltiples intentos, de igual manera perderán la vida, falleciendo por fin la especie humana. Y la tierra fértil, rica en frutos, quedará convertida en un desierto…”. Texto reproducido en el Códice Arundel  (1504-1516) propiedad del Museo Británico y utilizado como epílogo en El libro del agua  publicado recientemente por Juan Barja y Patxi Lanceros.

También el físico Fritjof Capra, en su libro Aprendiendo de Leonardo, sostiene que el autor de la Gioconda fue el primer pensador ecológico del mundo, el primer “ecodiseñador” y el primer biomimético (de bio, “vida”, y mimesis, “imitar”).

El que toma la naturaleza como fuente inspiración para resolver los problemas humanos.

Si podemos extraer una lección primordial que nos dejó como legado es precisamente ésta: la sabiduría está en la naturaleza.

Arte y naturaleza, dos conceptos aparentemente opuestos pero que se complementaron a la perfección en la mente del genio nacido hace más de 500 años.

¿Quién de nosotros no se maravilla al contemplar la divina proporción de un erizo? ¿Qué artista no se ha inspirado en la forma en la que se distribuyen los anillos del Nautilus, el crecimiento de un tallo, la espiral perfecta de las semillas del girasol?

Seguro que conocéis el archireproducido dibujo a tinta “El Hombre de Vitruvio” perteneciente a la Galería de la Academia de Venecia (aunque solo se muestra al público rara vez por motivos de conservación) Un estudio  basado en el original del arquitecto Vitruvio y que obsesionó a un joven Leonardo que buscaba representar el pensamiento antropomórfico renacentista: el hombre como centro del mundo alrededor del cual gira todo (si trazásemos un círculo con un compás pincharíamos en su ombligo).

Que el cuerpo humano pueda representarse a través de proporciones matemáticas, simbolizó el fin del oscurantismo y el triunfo de la ciencia sobre las supersticiones. Buscar la cuadratura del círculo, la simetría perfecta y el orden matemático de la Naturaleza.

No es casualidad que en el 2007 el artista John Quigley colaborador de Greenpeace utilizase este dibujo renacentista para denunciar el daño que estamos haciendo al planeta. En el making off de la instalación de éste peculiar “vitruvio derretido” podemos ver cómo Quigley se vale de tiras de cobre (las mismas que se usan en la fabricación de placas solares) y las va clavando sobre el hielo del Ártico, el océano donde mejor se observa el efecto devastador del cambio climático.

“Si continuamos con nuestra adicción a los consumibles fósiles, nos estaremos consumiendo a nosotros mismos” John Quigley.

Las sinergias arte&naturaleza están más vivas que nunca y no es la primera vez que alguna organización ambientalista se apoya en el arte para llegar al público, de hecho ahora vivimos un momento dulce colaborativo como me confesaba Julio Barea Responsable de campañas de Consumo y Biodivesidad de Greenpeace España, con quien mantuve una agradable charla hace unos días y en la que hablamos sobre otro tipo de intervenciones exitosas: la instalación en Malta dentro de su campaña Break Free From Plastic que consistía en un dragón vomitando plástico o la composición Elegy for the Arctic (Elegía por el Ártico) que el gran Ludovico Einaudi creó e interpretó en su piano de cola frente al glaciar Wahlenbergbreen (en Svalbard, Noruega)

Otra obra de gran impacto y belleza es Skyscraper (the Bruges Whale) creada por los arquitectos Jason Klimoski y Lesley Chang de Studio KCA .

Consiste en una enorme ballena azul que salta sobre el agua de un estanque en Brujas (Bélgica) Tiene 11,5 metros de altura y 5 toneladas de envases de plástico recuperado de los océanos Pacífico y Atlántico. El mensaje de cetáceo aparentemente feliz en realidad es estremecedor: Hay 150 mil toneladas de plástico y trillones de microplásticos en nuestras aguas. 

Triënnale 2018; STUDIOKCA – ‘Skyscraper (the Bruges Whale)’

Hay ocasiones en las que varias organizaciones como La asociación European Environmental Bureau (EEB), Greenpeace y Ecologistas en Acción, se unen bajo un mismo marco y plantean una serie de intervenciones artísticas como las realizadas en las playas de varios países europeos. En abril pasado, el lugar elegido fue la arena gaditana de Sancti Petri y el encargado de una de esas pinturas efímeras fue el artista holandés Marcel Van Es.

Teóricamente estas obras serían catalogadas como Land Art pero en éste artículo reflexiono sobre ello viendo que no es del todo exacto. A un artista Land le interesa la tierra como lienzo sobre el que intervenir pero en ocasiones pasa por alto el impacto ambiental de sus obras y éste precisamente no es el caso.

Que la ecología se haya introducido en el arte o viceversa y en casi cualquier ámbito de debate no es de extrañar.

La protección ambiental ha encontrado en el arte un excelente espacio para impactar y motivar a millones de personas a pesar de que algunas obras corran el riesgo de ser reducidas a simple activismo o ARTivismo como se está empezando a denominar.

Cada movimiento artístico refleja el instante vivido y es la primera vez que nos enfrentamos a la gran amenaza de ahogarnos “literalmente” en nuestra propia mierda.

Algunas artistas, estamos comprometidas con ideas similares a la de uno de los mayores exponentes del ECOarte, Herman de Vries: “Se trata de reducir la brecha entre el hombre y la naturaleza”. Si nuestro trabajo ayuda a que hagamos mayor caso a las advertencias sobre el daño irreparable que nos estamos haciendo, ya tiene un valor intrínseco.

¿Qué sentiría hoy nuestro Leonardo al ver que sus negras predicciones se están cumpliendo?

Es fácil imaginarle mesándose su larga barba mientras susurra abatido: “El que no valora la vida, no la merece”.


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