Desnuda la Navidad

El mundo podría dividirse entre los amantes de la Navidad y sus detractores.

A los primeros les da el ⇑ subidón cuando abren la caja del espumillón y aprovechan estos días para disfrutar del alumbrado en otras ciudades (seguro que este año no se pierden Vigo) y los otros, son una mezcla entre el Krampus, el Grinch y la bruja Grýla (hay días que yo soy muy fan de éstos últimos)

Ambos tienen sus razones, pero no hay que ser tan drástica.

La buena nueva es que puedes unirte a los que pensamos que el hiperconsumo navideño se nos ha ido de las manos y hemos decidido vivir sin tantos atavíos, ¡pero sin renunciar a la Navidad!

Vigo, navidad 2018

Se supone que la mejor definición de “mercado” es: consumidores bien informados tomando decisiones racionales. (¿En serio?)

Pero como aventuró el economista Thorstein Veblen en su estudio “Fabricando consumidores” hay que tener en cuenta que lo que se fabrica son deseos para atraparnos en la necesidad de obtener miles de cosas como si ahí residiera la esencia de nuestra felicidad.

¿¿Es normal que la calabaza de Halloween se oferte junto a una caja de polvorones??

Nos la cuelan porque no tenemos tiempo para leer las etiquetas, ni para preguntar por la obsolescencia de ese aspirador que asegura tragarse los ácaros junto a nuestras tristezas.

Es estúpido sufrir ataques de pánico porque ¿cómo ayudo a los Reyes Magos a encontrar ese juguete diabólico que con tanto ahínco ha pedido la buenahija?

Hemos sacrificado el espacio para la reflexión, el sosiego, la conversación pausada o para saborear una caña bien tirada…

Cortylandia 2018. Madrid

¿Llegará enero y nos habremos dejado arrastrar por este consumo de locos?

Y mira que nos lo advirtió la econcienciada del grupo (todas conocemos a alguien) que nos aconsejó guardar el papel de regalo para reutilizarlo, no abusar de utensilios desechables de plástico o comprar producto de temporada cuando a nosotras lo que en realidad nos preocupará es que nos hemos vuelto a pasar de langostinos y de presupuesto.

Pero ¡mira por donde! hay unos pepitos grillos en la calle que no mienten: los contenedores multicolores

Otra vez toca aguantar los informativos con imágenes de algunos municipios donde habrán reforzado el operativo de recogida de basura y así navidad tras navidad como si estuviéramos reviviendo el día de la marmota

No soy ecologista nativa (dudo que sea hasta ecologista) y no he sido consciente de la amenaza del cambio climático hasta que ha venido el lobo a darme tirones de orejas.

He malgastado lo indecible, comprado por encima de mis posibilidades y también he sucumbido a las campañas sofisticadas de algunas marcas.

No soy distinta a ti y menos en estas fechas. Meto la pata, me cabreo, me atizo un chupito y me vuelvo a levantar. ¡Ya está!

A menudo me abruman los datos apocalípticos y me angustia imaginar a mi heredera como futura refugiada climática y otras veces me consuelo pensando que “todo tiene arreglo” como dice Alberto Vizcaíno en su libro (un buen regalo de reyes, por cierto)

Tampoco soy experta en sostenibilidad, reciclado y medio ambiente (ni lo pretendo), pero me siento identificada con el colibrí del cuento de Wangari Maathai que trataba de apagar el incendio de su bosque recogiendo de un arroyo gotitas de agua y cuando el resto de animales le recriminó lo inútil de sus esfuerzos el pajarillo solo respondió: “hago lo que puedo”.

Pequeños gestos ⇔ Grandes cambios

Pues bien, como los pequeños gestos son los que provocan los grandes cambios, me he planteado cómo podemos desnudar la Navidad y disfrutar de su verdadera esencia que no es otra que reunirnos, brindar con los que nos acompañan y por los que se han ido, compartirnosabrazarnos y en definitiva; recibir el nuevo año con la mejor de nuestras actitudes.

También es interesante conocer el origen y curiosidades de algunas de nuestras costumbres

¿Dónde se colocó el primer árbol de Navidad en España? ¿Desde cuándo decoramos el árbol? ¿Quién era San Nicolás y por qué colgamos calcetines en la chimenea? ¿Sabes que el juego del “amigo invisible” tiene raíces venezolanas?

Y como si fueran las frutas escarchadas del roscón le vamos a sumar un poquito de color:

¿Cómo podemos envolver nuestros regalos para no generar residuos? ¿Sabes que hay una empresa que te lleva el abeto a casa y después te lo recoge para plantarlo? o mejor ¿Imaginas poder regalar un árbol a tu ser querido y poder ir juntos a reforestar?

Iremos viendo algunas ideas lógicas y sostenibles porque la palabra clave es REDUCIR y refugiarse en el agradecido templo del minimalismo.

No es complicado, ya lo verás, pero te lo iré contando en pequeñas píldoras.

Hablaremos de algunos regalitos chulos bonitos, sostenibles y económicos que puedes pedir en tu carta y que he probado “en carne propia” pero ¡descuida! sigo siendo una artista en busca de sentido, humilde pero independiente, por tanto todo que te cuento no es contenido patrocinado por ninguna marca. Emotico brazo musculoso y flamenca.

Algunos extractos de éste artículo forman parte de los #Ecotruquis que comparto en el mejor PODCAST del mundo mundial → ¡Buenos días MADRESFERA!← puedes descargarlos tanto en Ivoox como en Youtube y Spreaker.

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