Abrazo o tartazo

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tarta

Anoche, me topé con una de esas ACCION STREET que tanto me gustan y más cuando comprobé que no había ninguna marca detrás.

Veréis, paseaba ensimismada por una calle céntrica disfrutando de las luces preotoñales, cuando de repente, me abordaron un grupo de chicas alborotadas. Llamaban la atención porque se habían atado largos baberos y unas bolsas a modo de pañales (esto no lo entendí).

Al principio pensé que era una despedida de soltera y seguí a mi rollo, pero una de ellas me plantó un cartel en la cara:

<Por 20 céntimos, un abrazo o un tartazo> y me preguntó sonriente: – ¿qué prefieres?

De momento ya había conseguido el primer objetivo de cualquier acción de calle: hacer que el cliente se detenga y preste atención.

La chica del cartel ante mi estupor continuó haciendo la misma pregunta: – ¡Vamos!, ¿me das un abrazo o me das un tartazo?

Segundo objetivo cumplido : Insistir pero sin invadir. Con una sonrisa franca se llega muy lejos, ya lo decía mi abuela.

– ¿Cómo te voy a dar un tartazo mujer? – respondí -, si te doy algo, es un abrazo.

– Vale- acepta con timidez-, mejor para mi, pero son 20 céntimos…

Tercer objetivo cumplido: Llamada a la acción. En ese momento abro mi cartera.

– Venga, te doy 2 Euros y me cuentas de que va esto -. Le digo

– Es para hacer una cena de alumnas -, responden todas a coro dando saltitos felices por el dinero extra.

Cuarto objetivo cumplido: hacen que comparta su alegría después de un largo y sentido abrazo. Satisfacción del cliente y ganas de repetir.

Quizá ellas no sepan nada de marketing (o si), pero se notaba que lo habían preparado a conciencia porque al alejarme me crucé con varios grupitos de chicas con babero (algunas pobretas recibiendo tartazos) estratégicamente distribuidos en los puntos calientes de la Avenida.

Conclusión: Estas chicas podríamos decir que sería la empresa con pocos recursos y mucha creatividad pero que consigue su objetivo sin incordios, sin intrusiones y haciendo que su cliente potencial se sienta requetebien.

Y podríamos encontrar el ejemplo opuesto de empresa con publi tradicional, en esos odiosos cupones de Navidad  que tienes que comprar por huevos al hijo de tu vecina o al chavalín que te aborda en la calle, para se vaya de viaje de fin de curso y que luego olvidas en un cajón porque jamás salen premiados. A estos, de buena gana, les daría su merecido tartazo.

 

 

 

 

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